31.03.2020 – Bosque

El Bosque Andino-Patagónico

Los bosques andino-patagónicos, también conocidos como bosques subantárticos, se extienden sobre un relieve escarpado a ambos lados de la cordillera de los Andes, en el extremo sur de Sudamérica. Son los bosques más australes del planeta y tienen su origen hace 45 millones de años en el supercontinente Gondwana, donde surgieron los ancestros de todos los bosques de Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda, Tasmania y Sudáfrica. El bosque patagónico puede considerarse como una "isla verde", ya que ha permanecido aislado de otros bosques a lo largo de los últimos 10 millones de años, por lo que alberga un alto número de endemismos.

La existencia de estos densos bosques es posible gracias a las fuertes lluvias y nevadas, con una media de 2.500 mm anuales. Estas precipitaciones se originan al encontrase los vientos húmedos procedentes del océano Pacífico con la cordillera de los Andes. El aire húmedo se eleva y enfría produciendo las lluvias y nevadas. Los suelos son ricos en componentes orgánicos, aunque la formación de humus es lenta en comparación con los bosques tropicales, ya que las temperaturas son más bajas y por tanto los árboles muertos tardan más en descomponerse. Las glaciaciones que tuvieron lugar durante el Pleistoceno, (entre 2 millones y 15.000 años antes del presente) labraron el paisaje formando valles en forma de U con orientación oeste-este. Actualmente estos valles están ocupados por numerosos lagos.

Dos tipos de árboles son los principales componentes de los bosque Andinos: las "hayas del sur" del género Nothofagus y cuatro especies de coníferas.

LOS NOTHOFAGUS

El género Nothofagus incluye cuarenta especies de árboles. Nueve de ellas crecen en los bosques patagónicos de Argentina y Chile, mientras que las treinta y uno restantes lo hacen en Australasia. Las especies de Nothofagus más extendidas en la Patagonia son, en este orden: lenga (Nothofagus pumilio), ñire (Nothofagus antarctica) y coihue (Nothofagus dombeyii). Las dos primeras son de hoja caduca y están presentes a lo largo de toda la cordillera patagónica, desde Neuquén a Tierra del Fuego. En otoño ofrecen un auténtico espectáculo, cuando sus hojas se tiñen primero de amarillo, después naranja y por fin de rojo, antes de caer al suelo. Mientras que el ñire puede crecer a diferentes altitudes, la lenga forma los bosques más altos en cada latitud, donde entra en contacto con la vegetación altoandina.

Bosque de lengas en otoño
Bosque de lengas en otoño

El coihue es el que alcanza mayor altura, puede superar los 50 m. y al contrario que la lenga y el ñire es de hoja perenne. Su rango de distribución va desde Neuquén a Chubut, mientras que en la Patagonia más austral es sustituido por el guindo o “coihue de Magallanes” (Nothofagus betuloides). De distribución mucho más restringida son el raulí (Nothofagus alpina) y el roble pellín (Nothofagus obliqua), ambos árboles de hoja caduca que crecen casi exclusivamente en algunas zonas del Parque Nacional Lanín, el norte de la Patagonia.

Todos las especies de Nothofagus producen semillas de forma masiva para aumentar así sus posibilidades de reproducción. Sin embargo, sólo un mínima fracción de esas semillas llegará a ser un árbol, ya que necesitan una buena cantidad de espacio y luz solar suficientes para poder desarrollarse. El viento es su agente de polinización más importante.

LAS CONÍFERAS

Mientras que en el hemisferio norte los bosques están compuestos fundamentalmente de coníferas, los bosques subantárticos muestran una predominancia de los árboles con flores. Sin embargo, nueve especies de coníferas crecen en los bosques patagónicos. La más icónica es probablemente la araucaria o pehuén (Araucaria araucana), que crece exclusivamente en el norte de la Patagonia, sobre suelos arenosos, generalmente de origen volcánico. En el lado argentino se encuentra sólo en la provincia de Neuquén y en el chileno en las regiones de Bío Bío, La Araucanía y Los Lagos. Puede vivir hasta 1.000 años y se la considera una "especie relicta", ya que sólo sobrevive en áreas reducidas. Su forma es inconfundible, con el tronco dividido en placas poligonales, ramas curvadas y fuertes hojas coriáceas. El Pehuén es una especie dioica, generalmente cada árbol produce sólo conos masculinos o femeninos. Los conos femeninos, una vez fecundados producen unas 200 semillas o piñones. Estos son muy nutritivos, por lo que eran una componente importante de la dieta de los nativos mapuches.

Araucarias
Araucarias

El alerce (Fitzroya cupressoides) es un árbol de gran porte, el más longevo del mundo tras las sequoias de California (ambos pertenecen a la misma familia, Cupressaceae). En Argentina se lo puede encontrar en algunas áreas de los parques nacionales Los Alerces y Nahuel Huapi, mientras que en Chile su área de distribución es algo mayor. Crecen en suelos pobres y húmedos, pudiendo alcanzar los 50 metros de altura y vivir hasta 3.600 años. Su diametro se incrementa tan sólo 1 mm. por año!

Alerces
Alerces

El ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) tiene un rango de distribución mucho mayor, ocupando suelos rocosos y arenosos en laderas con orientación norte entre 700 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, tanto en la provincia de Neuquén como en el Chubut. Forman bosques puros en las zonas de transición entre el bosque y la estepa patagónica por lo que se le considera una especie pionera, ya que amplia los límites del bosque antes de que otras especies puedan establecerse por sí mismas.

Ciprés de Las Guaitecas
Ciprés de Las Guaitecas

Por último el ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), la conífera más austral del mundo, crece principalmente en Chile, tanto en la región de Aysén como en Tierra del Fuego. En Argentina se lo puede encontrar en áreas muy específicas de los parques nacionales Nahuel Huapi y Los Glaciares. Crece en suelos anegados y en turberas hasta los 1.000 metros sobre el nivel del mar, junto a lengas, ñires, coihues o alerces. Al igual que el alerce su madera es imputrescible, por lo que durante la colonización de la Patagonia Austral se lo utilizó para la construcción tanto de edificios como de embarcaciones, lo cual explica la enorme reducción en el número de ejemplares existentes en la actualidad.

OTROS ÁRBOLES Y SOTOBOSQUE 

Aparte de los nothofagus y las coníferas, otros árboles de amplia distribución en el bosque andino-patagónico son: el arrayán (Luma apiculata), una especie de la familia de las mirtáceas que se destaca por su corteza de color canela. Puede crecer como árbol o como arbusto y habitualmente se lo encuentra en los márgenes de ríos y lagos. El maitén (Maytenus boaria), es un árbol siempreverde de denso follaje que crece en áreas de transición entre el bosque y la estepa, a veces formando pequeños bosques puros. En estas áreas de transición de puede encontrar también el radal (Lomatia hirsuta), un arbusto que se caracteriza por sus copas globosas con hojas perennes de tamaño grande. 

Bajo el estrato arbóreo varias especies vegetales encuentran su ambiente perfecto. Una de las más características es la caña colihué (Chusquea culeou), un bambú que puede alcanzar hasta 5 metros formando densos parches en las laderas más húmedas del bosque, especialmente bajo los coihues. Su floración ocurre simultáneamente en un área entera del bosque una vez cada 18 o 20 años. La enorme cantidad de semillas producida por la floración tiene como resultado que las poblaciones de roedores en dichas áreas lleguen a multiplicarse por varios miles, produciendo el fenómeno conocido como la "ratada". 

Helechos y caña colihue
Helechos y caña colihue

El notro o "arbusto de fuego" (Embothrium coccineum) puede crecer como un pequeño árbol o como un arbusto en áreas abiertas con abundante luz y sobre suelos arenosos. Sus flores rojas, dispuestas en inflorescencias, se desarrollan en noviembre y diciembre, ofreciendo un bello contraste sobre el verde de las laderas. 

Notro
Notro

La aljaba, fucsia o chilco (Fuchsia magellanica) crece en áreas húmedas y en los márgenes de cursos de agua. Sus hermosas flores colgantes son polinizadas por en picaflor rubí o colibrí austral.  

Chilco
Chilco

El calafate y sus parientes del género Berberis se distribuyen tanto el la estepa como en áreas boscosas en toda la Patagonia. Son arbustos provistos de hojas transformadas en espinas. Sus frutos son bayas de color morado que se utilizan para preparar mermeladas y siropes. En el bosque patagónico la especie más común en el michay (Berberis darwinii), habitual en los bosques de coihue. 

HEMIPARÁSITAS Y TREPADORAS

Varias epífitas (plantas que crecen sobre otra planta en vez de en contacto con el suelo) poliferan en el bosque subantártico. La más común es el Myzodendron o “flor de ñire ”, que crece exclusivamente en las ramas de los nothofagus. Carece de hojas y los colores verdosos y amarillentos de sus delgadas ramas son fáciles de detectar entre los árboles, especialmente en las lengas y nires que se encuentran desnudas durante el invierno. El quintral (Tristerix corymbosus) es otro arbusto hemiparásito que vive sobre coihues, maitenes y fucsias, entre otros. Sus flores alimentan al picaflor rubí durante el invierno y sus semillas son dispersadas por un pequeño mamífero marsupial, el "monito de monte".

Entre las plantas trepadoras encontramos la botellita (Mitraria coccinea), que crece en bosques húmedos, fijando sus raíces a las ramas de los árboles para poder crecer. Sus hermosas flores rojas con forma de botella también son polinizadas por el colibrí austral. Otra trepadora es la mutisia (Mutisia decurrens), cuyas flores naranjas son bien conocidas y fáciles de identificar. 

Mutisia
Mutisia

MUSGOS Y LÍQUENES

Los musgos son briofitas, plantas no vasculares que fueron las primeras en conquistar los ambientes terrestres, cuando evolucionaron a partir de algas verdes hace unos 500 millones años. Pueden crecer en diferentes superficies, como rocas, en el suelo, o sobre troncos tanto caídos como vivos. Pero es en las turberas donde representan la vegetación dominante. En el Parque Nacional Los Glaciares, en Tierra del Fuego y en la región de Aysén en Chile se pueden encontrar turberas donde proliferan los musgos del género Sphagnum, a los que se conoce coloquialmente como turba. En dichas turberas se puede encontrar también una planta insectívora, Drosera uniflora. Atrapando insectos obtiene el nitrógeno necesario para su desarrollo, el cuál no esta presente en estos suelos húmedos y pobres en nutrientes. ​​​​​​​

Turba
Turba

Los líquenes son una de las relaciones mutualistas mejor ajustadas de la naturaleza, formados por en alga y un hongo. El alga proporciona la capacidad de fotosíntesis, mientras que el hongo contribuye proporcionando protección contra la desecación y la radiación solar. Como no tienen la capacidad de almacenar agua dependen de la lluvia, de la niebla o de la humedad en el aire para sobrevivir. El líquen Usnea, también conocido como barba de viejo, es abundante y fácil de identificar en los bosque patagónicos, colgando de las ramas de los Nothofagus. Su presencia es prueba de la extrema pureza del aire, ya que desaparece al menor signo de polución. 

Barba de viejo
Barba de viejo

HONGOS

Mientras que las plantas son capaces de producir sus propios nutrientes utilizando la energía del sol, los hongos carecen de clorofila, por lo que alimentan exclusivamente de sustancias orgánicas que descomponen mediante el uso de enzimas. Los hongos, junto con las bacterias, son los responsables de un proceso clave en la cadena trófica: descomponer los detritos vegetales y animales, enriqueciendo así el suelo con sustancias como nitrógeno, fósforo e hidratos de carbono que después son absorbidos por las plantas a través de sus raíces. Sin este proceso la cadena trófica quedaría interrumpida, ya que los nutrientes captados por las plantas quedarían almacenados en ellas, sin posibilidad de ser utilizados posteriormente. Los hongos saprófitos realizan este importante papel, descomponiendo el material de troncos y hojas muertos y convirtiéndolo nuevamente en tierra. Un ejemplo de este tipo de hongos en el bosque subantártico es Hypholoma frowardii.​​​​​​​

Otras especies de hongos juegan un papel diferente en el bosque patagónico, construyendo una asociación simbiótica con  las raíces de los Nothofagus, que se denomina micorriza.  El hongo incrementa la capacidad de absorción de las raíces y proporciona ciertos nutrientes que ayudan a los árboles a crecer en suelos pobres. A su vez, el hongo obtiene sustancias de los  Nothofagus que le permiten crecer más. 

Otro tipo de hongos, los Cyttaria, producen tumores en las ramas y en los troncos de los Nothofagus y cuerpos frutales que maduran en primavera. Dichos frutos son globos de color naranja pálido de 2 a 7 cm. de diámetro. Los más comunes son el llao llao (Cyttaria hariotti) y el  pan de indio (Cyttaria darwinii). 

Llao llao
Llao llao

BIBLIOGRAFÍA:

Bartheley, Daniel; Brion, Cecilia; Puntieri, Javier, Plantas de la Patagonia, Vazquez Mazzini Editores, Buenos Aires, 2008. 

Bisheimer, María V. y Fernández Eduardo M., Parque Nacionales de la Patagonia Argentina, Neuquén, 2008. 

de la Vega, Santiago G., Patagonia, las Leyes del Bosque, Contacto Silvestres Ediciones, Buenos Aires, 2003. 

Gamundí, Irma J; Horak, Egon. Hondos de los Bosques Andino-Patagónicos. Vazquez Mazzini Editores, Buenos Aires.

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